El Fado y los Barrios

Reza la canción que el fado siempre vive, por castigo, en un barrio antiguo; y que casi enfrente, en una casa pobre, vive la tristeza.

Un escenario familiar: un barrio antiguo y pobre. Y tampoco es extraña a muchos fados la tristeza, la de los pobres y la de los amores perdidos.

Hasta cerca de finales del siglo XX los pobres eran los que se quedaban atrás, en los barrios más viejitos y decadentes, mientras los ricos y los casi ricos se marchaban a escenarios más modernos y desahogados, palacetes en la Lapa y chalets con jardines en Restelo, o avenidas nuevas trazadas a regla y escuadra, con edificios más altos.

El Fado nació, que sepamos, en barrios antiguos y pobres. La Mouraria fue la cuna de la Severa, la primera fadista de la que se tiene memoria. Mouraria, Alfama y Barrio Alto son el hogar de la mayoría de las Casas de Fados.

En las dos primeras encontramos los lugares más cantados: la calle del Capelão, la Iglesia de Santo Estêvão, el Chafariz d’El-Rei y, a falta de indicaciones precisas, allí imaginamos lo solo sugestionado, pero no denunciado – la calle extraña de la Casa de Mariquinhas, donde se vivía de amor, el callejón, la esquina de la calle, incluso la calle de mis celos, …

Por allí pasan las procesiones, se cruzan vendedoras de pescado y marineros; allí las gaviotas vienen a posarse… Estos barrios antiguos no están lejos del ancho río junto al océano.

Es cierto que en Lisboa nacieron muchos de los fadistas más conocidos.

En barrios antiguos algunos de ellos. Pero las cunas del talento se extienden por todo el país.

Por todo el mundo, casi: de los viajes antiguos a las migraciones más recientes de los portugueses, todo lo propicia.

Pero ni eso deshace una especie de geografía imaginaria que lleva a intérpretes y poetas a detenerse tantas veces en los barrios populares, antiguos, anfibios de la ciudad de Lisboa.